sábado, 7 de abril de 2018

Dame tiempo

No es que necesite hacer y deshacer el puzzle una y otra vez, es que han ido desapareciendo piezas que hacen imposible reconstruirlo de nuevo.
Después de cuatro años, me he dado cuenta de que había una pieza que no conseguía encajar con el resto, y solo estorbaba incapacitando la posibilidad de encontrar la que faltaba. Era necesario oír de otras bocas el "lo has intentado, no es culpa tuya" aunque no haya desaparecido mi sentimiento de culpa.
Creo que hice lo correcto para los dos, necesitamos estar un tiempo sin vernos, sin saber uno del otro. No sé si estoy mejor sin ti, pero viendo el atardecer desde la azotea no puedo evitar el echarte de menos. 
Cuando estás en lo más alto, los recuerdos revolotean, siento frío al no tener tu brazo sobre mi hombro, al no tener tu cálida sonrisa bailando y señalando el futuro que tendríamos. Eramos de película no te lo voy a negar. 
Si lo hice así de frío, fue porque también era lo mejor para ti, te lo aseguro, aunque hiciera daño era lo más cuerdo. Nunca dejaremos de ser aquellos niños que se conocieron con catorce e intentaron correr siempre delante de los problemas, escapar de la realidad, por mucho que pase el tiempo siempre seremos dos locos.
Hablo de otra pieza, que encajaba a la perfección con el resto, que daba estabilidad a la estructura, y de un día para otro desapareció. No me canso de buscarla por cada rincón, pongo demasiado empeño en volver a toparme con ella, pero nunca hay respuesta.
Hablo de dos corazones rotos que se conocieron en el sexto mes del año, con doce días largos sin haberse tropezado. Es difícil no vivir de recuerdos, como el primer beso cuando te habías bajado de este estúpido bus y yo andaba perdida tratando de encontrarte, como enseñarte donde había intentado olvidar cada una de mis decepciones, donde me había sentado y me había hecho pequeñita a medida que el día se apagaba.
Siete días dan para mucho, para mucho amor, para muchos recuerdos y para corretear por diferentes sitios de Madrid dejando un beso en cada uno de ellos.
Cuando te encierras tú mismo en una jaula, es difícil que te des cuenta que tienes las alas más bonitas del planeta y que eres capaz de volar muy alto, por cada acierto no te has movido del sitio pero por cada fallo has puesto un barrote hasta construir tu propia jaula, donde crees que nada te puede hacer daño pero donde estás totalmente desprotegido.
Aislarte cuando vienen las cosas mal dadas es una de tus formas favoritas de hacer daño, dar y no recibir también cansa, ya te lo habrán dicho. Tengo esperanzas de que vuelvas, de que vuelvas a alzar el vuelo y te poses en mí, pero no estoy segura de quererlo.
Me gustaría contarte como mil noches he hecho, el desastre que es mi vida. Esta vez en menos de veinticuatro horas mi vida cambió radicalmente, tengo ganas de volver a escribirte y decirte que todo irá bien porque no te voy a dejar caer, pero cuando el orgullo habla, el corazón calla.
Después de que me llamaran tóxica, como los gases, después de haber llorado hasta las mil y al día siguiente sonreír como si el viento me hiciera cosquillas, quiero recordarte que fuiste una de las razones por las que abría los ojos día a día.
No digo que seas un cobarde por huir, yo también lo hice, pero yo hoy voy a luchar aunque vaya a contracorriente, sé que vuelo alto y no voy a dejar que me encierren, pienso ir con toda la bandada, ellos alzan el vuelo para que yo no caiga.
Así que no, no quiero darte tiempo para que te hagas más débil, he visto tus ojeras y que apenas puedes abrir los ojos, y no quiero seguir dándote tiempo, quiero que veas que el tiempo solo no sirve más que para dar vueltas y vueltas a los mismos errores todo el rato.

Quiero darte tiempo, tiempo de risas, de nuevos lugares. 
Quiero darle tiempo al resto de piezas de mi puzzle para que decidan si irse o quedarse, quiero muchas cosas, entre otras a ti.



No hay comentarios:

Publicar un comentario