Hola,
de nuevo…
Hoy
vengo a devolverte las palabras que me regalaste algún día de esos en los que
parecía que el sol no iba a darse nunca por vencido y la luna no saldría en
ningún momento.
A la
misma a la que le dejaste leer entre lineas que era una zorra sin principios, a
la que le hiciste dudar hasta de sí misma, hoy te está escribiendo esto y que
por primera vez en años no lo hace para ella misma, si no para que también lo
lean otros.
Esa
zorra sin principios que algún día me llamaste hoy viene a decirte que no soy
yo la que carecía de ellos, porque aunque muchas veces le pesaran, los ha
seguido en todo momento.
Sin
embargo, tú que tanto hablabas de serles fieles, también a ellos les has puesto
los cuernos.
La piel
de gallina ya no me la ponen tus besos en el cuello (que como me jodía no poder
controlar eso) ni tus audios con lo que habías tachado y vuelto a escribir mil
veces en un folio del que ahora solo quedan restos de tinta, porque sí, debo admitirte
que eras jodidamente bueno en hacer que mis mariposas revolotearan, pero al fin
y al cabo eres un capullo que no puede tener las suyas.
No
tenías mucho que envidiar a Lorca, ni a muchos otros, furiosos estarían ellos
al saber que hubiera cambiado su arte por verte escribir en el folio una vez más.
El otro
día me dijeron que siguiera adelante con esto, que era muy grande lo que estaba
haciendo, pero creo que mienten… Son ellos los que hacen grande mis palabras
por ser capaces de sentir mi dolor vomitado en una simple pantalla y que ellos
logran que la transpase y se les clave en el pecho.
Me he
leído en otras pantallas, porque es precioso sentirte identificada con lo que
alguien escribe y pensar que no eres la única sobre la faz de la tierra que lo
sufre, pero no te imaginas lo que es leerte en la pantalla, entre versos o
entre prosa, que más da, cuando sabes que alguien está hablando sobre ti y
acierta tan de lleno con todo lo que dice.
Porque
sí, cuando me rompen el corazón nuevamente me vuelvo la más hija de puta en
este tema, pero esta vez no he sido yo quien ha dado al interruptor para apagar
mis sentimientos fue él quien creó un cortocircuito en el que apagó todo lo que
tenía dentro.
Por lo
que hoy vengo a decirte que he vuelto a tumbarme a ver las estrellas, aunque
esta vez no rezaba por tenerte al lado, y me han repetido por última vez que los fugaces éramos nosotros.
La pionera de los blog en mi ciudad, la impulsora de que hoy siga teniendo más ganas de que esto salga adelante, la que no parece que la importe nada pero es capaz de sufrir tu dolor.
Y es que daría lo que fuera por ponerme en tu lugar y no verte sufrir ni un día más, sabes muy bien lo agradecida que estoy por la entrada que me dedicaste, por aguantarme cuando yo misma no sé hacerlo y por seguir conmigo durante todos estos años.
Ella sí que es prosa o verso en cualquiera de sus aspectos, y los que me leéis a mi (que aún estoy impresionada de todos los que sois), os pido como favor que os paséis a leer el suyo, y para mi, mi favorito.
Sin más descaro os dejo aquí el link, al que os engancharéis tanto como a vuestra serie favorita.
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