Empecé el año como otro cualquiera, pensando que este año las cosas cambiarían, aún sabiendo que me mentía a mi misma.
Pues no, nada a cambiado, o por lo menos no a mejor, es verdad que besé a una persona el uno de enero, lo que muchos habrían deseado, y era la persona a la que quería, de la que estaba enamorada o en proceso de desamor ya no sé...
Fue un beso un tanto agridulce, pues aunque intentara convencerme sé que nada cambiaría.
Y ahora sé que cobarde no es un suicida, que cobarde soy yo por no decirte que te echaría de menos, que nos echaría de menos.
Cobarde por acostarme con unos ojos verdes a los que quiero querer pero con ganas de levantarme al lado de unos azules.
Sé que has vuelto a corretear por Madrid, esta vez no estabas atado a mi mano, mirabas a una rubia con deseo aunque me consuela que fuera una cerveza.
Y ahora tengo algo más claro que conocemos a personas en el momento equivocado, en las distancias erróneas... Pero también me he dado cuenta de que las cosas son más fáciles de lo que pensamos, solo que tenemos la extraña manía de complicar todo.
Te sorprendería saber cuantas noches he mirado al techo intentando que él me diera una respuesta, cuantas veces he consultado con mi almohada si debería escribirte todo lo que me duele pero como es obvio no he recibido una respuesta y yo no he sabido responderme, por lo que la cobardía se apodera de mi.
Apenas tengo fuerzas para terminar el mes, me siento más débil que nunca. He de confesarte que he vuelto a tener los pelos de punta, no ha sido una canción ni otras bocas, he sido yo misma al verme reflejada en el espejo que parecía uno cóncavo y al ver que la persona que hay frente a mi no soy yo, me he perdido por intentar ganarte y no veas que si duele...
Pero después del primer amor nunca duele lo mismo, claro que me has dolido, como si me estuviera rompiendo parte por parte todos los huesos del cuerpo, pero después del primero sé que de amor no se muere nadie, y que yo no voy a ser la primera en hacerlo.
Ha llegado un momento en el que me dueles más que me quieres y eso no soy capaz de permitirlo, no sé cuando sacaré las fuerzas para decirte adiós, un adiós que no volverá a saludarte, porque aún no logro entender porque te empeñaste en volver cuando sabías que todo estaba roto. Quizás habría logrado entenderlo si te hubieras tomado las molestias de volver a pegar todos esos trozos que era yo, pero volviste para pisotearlos uno por uno.
Ojalá algún día pueda perdonarme por abandonarme, por no ser capaz de quererme y por tratar de engañarme.
Hoy quiero que sepas que quiero bajarme de este tren que me tiene atada de pies y manos pero el muy capullo ahora no quiere parar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario